jueves, 8 de febrero de 2007

Hun y Po

Hun y Po, en el texto Origen y Contenido del Tai I Gin Hua Dsung Dschi por Richard Wilhelm.

El Secreto de la Flor de Oro. C.G. Jung/R. Wilhelm. Ed. Paidós


El cuerpo es vivificado con la coparticipación de dos estructuras anímicas: Hun, que he traducido por animus, dado que pertenece al principio yang; y Po, que pertence al principio yin, y que he vertido como ánima. Ambas son ideas que nacen de la observación de las circunstáncias de la muerte, de aquí que también tengan ambas el signo-clase de demonio, del extinto (Gui). Se imaginaba a Po como preferentemente ligada a los procesos corporales; con ellos se sume en tierra en el momento de la muerte, y se corrompe. Hun, es, en cambio, el alma superior; despues de la muerte asciende en el aire, donde al principio está activo un tiempo y luego se volatiliza en el espacio celeste, o sea, refluye hacia la reserva de vida general. En el hombre viviente ambos corresponden en cierto grado al sistema cerebral y solar. Hun mora en los ojos, Po en el bajo vientre. Hun es luminoso y móvil, Po es ocura y ligada a la tierra. El signo para Hun se compone de demonio y nube; el signo para Po, de demonio y blanco...(...).. Ahora bien, el comun proceso de vida "directo", es decir, descendente, es aquel en que ambas almas siguen relacionadas la una con la otra como factores intelectual y animal. Por lo general será el ánima (Po), la voluntad obtusa, aguijoneada por las pasiones, la que fuerce a su servicio a Hun o intelecto. Al menos en la medida en que Hun se vuelve hacia fuera, con lo que las fuerzas de Hun y Po (ánimus y ánima) se escurren y la vida se consume. Como resultado positivo acontece la generación de nuevos seres, en los que la vida se continúa, mientras que el ser original se "externaliza" y, finalmente "es hecho cosa por las cosas". El punto finales la muerte. Po se sume, Hun asciende, y el yo queda ahora, despojado de su fuerza, en dudoso estado. Si se ha consentido en la "externalización", sigue la pesantez y se sume en la aflicción obtusa de la muerte, solo alimentándose miserablemente de las imágenes ilusorias de la vida, a las que aún atrae siemptre, sin que pueda seguir tomando parte en ellas activamente (infiernos, almas hambrientas). Si, en cambio, a pesar de la "externalización" se ha esforzado por ascender, lleva, al menos por un tiempo, en tanto lo fortifiquen las fuerzas de los sacrificios de los que le sobreviven una vida relativamente beatífica, que será acordada a cada uno de acuerdo con sus méritos. En ambos casos la persona retrocede y se cumple una evolución correspondiente a la externalización: el ser se torna fantasma imponente porque le faltan las fuerzas de la vida y su destino está al terminar. Vive ahora los frutos de sus buenas y malas acciones en el cielo o infierno, que no son empero nada externo, sino estados puramente interiores. Cuanto más se sume en esos estados, tanto más se envuelve hasta que finalmente desaparece de la faz del existir, para luego, entrando en un nuevo seno materno iniciar una nueva existencia, formada sobre la base de su reservorio de imágenes y recuerdos. Tal estado es el estado del demonio, del espíritu, del que retorna, del que desiste; en chino Gui (a menudo traducido equivocadamente como diablo).

Si, en cambio, se logra durante la vida introducir el movimiento "retrógrado", ascendente, de las fuerzas vitales, si las fuerzas del ánima (Po) son dominadas desde el ánimus (Hun), ocurre una liberación respecto de las cosas externas. Son discernidas, pero no codiciadas. Así es rota en su fuerza la ilusión. Tiene lugar una circulación ascendente interna de las fuerzas, El yo se arranca de los enredos del mundo, y permanece vivente después de la muerte, porque la "internalización" ha impedido el derrame de las fuerzas vitales hacia fuera, y estas han creado en su lugar un centro de vida, en la rotación interna de la mónada, que es independiente de la existencia corporal. Un yo tal es un dios, deus, Schen. El signo para Schen significa extenderse, actuar; en suma, lo contrario de Gui. En la escritura más antígua se representa mediante una doble sinuosidad de meandro que también significaba en otros casos, trueno, relámpago, excitación eléctrica. Un ser tal posee duración, en tanto perdure la rotación interna. También puede influir, desde lo invisible, sobre los hombres, y entusiasmarlos a grandes pensamientos y nobles maneras de actuar. Ësos son los santos y sabios de antiguos tiempos, quienes desde hace miles de años animan y educan a la humanidad.

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